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Calzado de seguridad para la industria vitivinícola: del campo a la bodega, una protección diferente en cada etapa

En 1872, en la finca Can Codorniu de Sant Sadurní d’Anoia, se elaboró el primer vino espumoso del Penedès siguiendo el método tradicional de doble fermentación en botella. Aquellos trabajadores que giraban las botellas, limpiaban los depósitos, pisaban la vendimia y movían las pesadas barricas lo hacían con el calzado ordinario de la época: alpargatas de cáñamo, zapatos de cuero sin ninguna protección específica, o directamente descalzos en los trabajos más húmedos. Un siglo y medio después, el sector vitivinícola del Penedès se ha convertido en uno de los motores económicos de Cataluña —con Vilafranca del Penedès como capital del vino, Sant Sadurní d’Anoia como capital del cava, y más de ochenta bodegas operando únicamente en este último municipio—, pero los riesgos a los que se enfrentan los trabajadores del sector siguen siendo en esencia los mismos: suelos mojados y resbaladizos, caída de objetos pesados, productos químicos de limpieza y tratamiento, y condiciones de trabajo que cambian radicalmente de una etapa del proceso productivo a la siguiente.

La singularidad del calzado de seguridad en el sector vitivinícola es precisamente esta: no existe un solo perfil de riesgo, sino una secuencia de contextos muy diferentes que exigen soluciones específicas. Quien trabaja en el campo durante la poda de invierno necesita un calzado completamente diferente al que opera en la línea de embotellado, y ninguno de los dos coincide del todo con quien entra en los depósitos de fermentación para realizar su limpieza interior.

El riesgo del suelo: resbalones y caídas en el sector del vino

Las caídas al mismo nivel representan una de las causas de accidente laboral más frecuentes en el sector vitivinícola y agroalimentario en general. El suelo de una bodega es, por definición, un suelo de riesgo: durante la vendimia y la vinificación, el mosto, el vino y el agua de limpieza lo convierten en una superficie constantmente húmeda, a menudo con restos orgánicos que alteran el coeficiente de fricción de manera imprevisible.

A diferencia de un taller o de un almacén, donde la humedad es un factor puntual y controlable, en una bodega activa durante la temporada de elaboración la humedad del suelo es estructural. Las operaciones de trasvase, la limpieza de depósitos, el lavado de prensas y la simple condensación que se produce en espacios con gran diferencia de temperatura entre el interior y el exterior generan suelos que ningún calzado convencional puede afrontar con seguridad.

A todo ello hay que añadir la presencia de sulfato de cobre, ácido tartárico, detergentes alcalinos y ácidos peracéticos en las operaciones de limpieza y desinfección. Muchos de estos productos degradan de forma acelerada los materiales del calzado convencional —especialmente las suelas de poliuretano estándar y los cueros sin tratamiento— y lo convierten en una fuente de riesgo adicional cuando la suela pierde sus propiedades de adherencia por efecto químico.

Las etapas del proceso vitivinícola y el calzado adecuado para cada una

El sector vitivinícola combina dos grandes fases con perfiles de riesgo muy diferentes:

En el campo (viticultura): las tareas de poda, atado, tratamiento fitosanitario y vendimia se desarrollan en terrenos irregulares, a menudo en pendiente, con tierra húmeda por la mañana y suelo pedregoso en las zonas de secano. El riesgo dominante es mecánico y postural: terreno irregular, piedras, raíces y alambres de viña que pueden causar torceduras de tobillo, y objetos punzantes que pueden perforar una suela convencional. Durante la vendimia mecanizada, el operario que trabaja al pie de la vendimiadora queda expuesto al riesgo de atropellamiento y de objetos lanzados por la máquina.

Para trabajos en el campo, el nivel de protección recomendado es S3 como mínimo: suela con resaltes para terrenos irregulares, plantilla antiperforación y resistencia a la humedad en la parte superior. En condiciones de lluvia o de tierra muy embarrada, un modelo S5 en formato bota de polímero ofrece la impermeabilidad total necesaria sin el problema de la saturación del cuero.

En la bodega (elaboración y crianza): el perfil cambia radicalmente. El suelo es duro (hormigón, baldosa, acero inoxidable), a menudo completamente mojado, y las operaciones implican manipulación de mangueras a presión, movimiento de recipientes pesados y entrada en zonas de temperatura controlada. El riesgo dominante es la caída al mismo nivel por deslizamiento, la caída de recipientes (botellas, garrafas, barricas) sobre el pie, y el contacto con productos de limpieza agresivos.

Para trabajos de bodega, el nivel recomendado es S4 o S5 en formato bota de polímero o caucho de construcción monobloque: impermeabilidad total, suela antideslizante certificada SRC, y resistencia a los productos químicos habituales en limpieza enológica. La certificación SRC —que a partir de la revisión EN ISO 20345:2022 certifica el ensayo sobre superficie cerámica con detergente y sobre acero con glicerina— es especialmente relevante para los suelos de bodega, donde la combinación de vino, mosto y productos de limpieza crea condiciones de adherencia muy variables.

En la línea de embotellado y logística: el perfil se acerca más al de una industria agroalimentaria convencional. El suelo es menos húmedo pero el riesgo de impacto (botellas, cajas, palets) es constante. El ruido de las embotelladoras y etiquetadoras puede superar los 85-90 dB(A), lo que hace necesario combinar el calzado de seguridad con protección auditiva. Para este contexto, un S2 o S3 con certificación SRC es habitualmente la elección adecuada.

Las botas de polímero y caucho: para cuando S4 y S5 marcan la diferencia

Las categorías S4 y S5 de la norma EN ISO 20345 corresponden a calzado de construcción monobloque en polímero o caucho, es decir, botas en las que la parte superior y la suela forman una pieza única sin costuras, lo que garantiza una impermeabilidad total que ninguna bota de cuero o textil puede igualar.

El S4 es el equivalente en formato bota impermeable del S1: puntera de 200 J, antiestático, absorción de energía en el talón y suela con resaltes. El S5 añade la plantilla antiperforación, indispensable en trabajos en el campo o en zonas de recepción de uva donde el suelo puede tener piedras, estacas de viña u otros objetos punzantes.

La principal limitación de este tipo de bota es la transpirabilidad: el polímero no transpira, lo que en jornadas largas y temperaturas altas puede generar problemas de maceración cutánea y fatiga térmica. Para minimizarlo, muchos modelos incorporan un forro interior de algodón o textil técnico y un diseño de cámara de aire. En cualquier caso, para trabajos de bodega de larga duración en condiciones de humedad persistente, la bota S4 o S5 de polímero es la solución técnicamente correcta.

El CO₂ en los depósitos: un riesgo que no se ve pero que mata

Un riesgo específico y muy grave del sector vitivinícola es la exposición al dióxido de carbono (CO₂) en espacios confinados. Durante la fermentación alcohólica, el mosto libera cantidades importantes de CO₂ que se acumulan en los depósitos, en las bodegas subterráneas y en las zonas de recepción. El CO₂ es inodoro, incoloro y más pesado que el aire, lo que lo hace especialmente peligroso: un trabajador que entra en un depósito de fermentación sin ventilación previa puede perder el conocimiento en cuestión de segundos, sin ninguna señal de aviso.

Los accidentes mortales por asfixia en depósitos de bodega se producen cada año en España. La mayoría se agravan porque los compañeros que acuden al rescate de la primera víctima entran en el mismo espacio sin protección y caen ellos también. El calzado de seguridad adecuado es una condición necesaria pero no suficiente para estos trabajos: debe combinarse con detectores de CO₂ portátiles, protocolos de acceso a espacios confinados y formación específica.

Relacionado con el riesgo químico, el SO₂ (anhídrido sulfuroso) que se usa como conservante y antiséptico en enología puede causar irritación de las vías respiratorias y de los ojos en concentraciones bajas, y es tóxico en concentraciones elevadas. En operaciones de sulfitado, el calzado de seguridad debe combinarse con protección respiratoria y guantes resistentes a los gases.

Normativa aplicable: EN ISO 20345, propiedades FO y resistencia química

Para el sector vitivinícola, las propiedades normativas más relevantes del calzado de seguridad, más allá de la categoría base, son:

FO (Fuel Oil resistant): resistencia de la suela a los hidrocarburos. Relevante para tractores, carretillas elevadoras y maquinaria agrícola en general.

SRC: máxima certificación antideslizante. Imprescindible para trabajos de bodega. Certifica el ensayo sobre superficie cerámica con detergente y sobre acero con glicerina.

CI (Cold Insulation): aislamiento del frío. Para trabajos en cámaras de temperatura controlada o en depósitos frigoríficos de conservación.

WR (Water Resistant): impermeabilidad total de toda la superficie del calzado. Presente en las categorías S6 y S7 de la revisión 2022, y en el formato monobloque S4/S5. Para trabajos en zonas de elaboración con suelos permanentemente mojados.

La resistencia química de la suela a los productos enológicos de limpieza (ácido peracético, sosa cáustica, ácido cítrico, ácido tartárico) no está recogida específicamente en la EN ISO 20345, pero es un factor que hay que verificar con el fabricante para los modelos destinados a uso intensivo en bodega. El caucho nitrilo y el PVC presentan en general una mejor resistencia química que el poliuretano estándar frente a ácidos y bases diluidos.

Del Penedès a los pies: asesoramiento local para un sector con necesidades específicas

La tradición vitivinícola del Penedès se remonta a la época romana —las villas romanas de la comarca ya disponían de cella vinaria, las primeras bodegas documentadas de la zona— y hoy la comarca concentra la mayor parte de la producción de cava de todo el mundo, con una DO que se extiende por seis comarcas y centenares de productores de todos los tamaños.

Cada bodega, cada cooperativa y cada explotación vitícola tiene unas condiciones específicas de trabajo que requieren una evaluación individual del calzado de seguridad adecuado. No es lo mismo trabajar en una bodega de hormigón de construcción antigua con suelos sin resalte que en una instalación moderna de acero inoxidable. No es lo mismo realizar la vendimia manual en viñas de pendiente pronunciada que operar una vendimiadora mecanizada en viñas en vaso en el Anoia.

En NAPA Seguretat Laboral, en Vilafranca del Penedès, llevamos más de tres décadas asesorando a empresas del sector vitivinícola de la comarca en la selección de los equipos de protección individual adecuados para cada puesto de trabajo. Conocemos el sector, conocemos los riesgos y conocemos las soluciones. Contacte con nosotros para recibir asesoramiento personalizado.

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