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Guantes de protección laboral: la barrera invisible que protege sus manos

Uno de cada tres accidentes laborales afecta a las manos de los trabajadores. Y de estos, cerca del 70% suceden cuando no se llevan guantes de protección o cuando se utilizan guantes inadecuados. Estas cifras, que podrían parecer alarmistas, reflejan una realidad que en NAPA Seguretat Laboral conocemos de primera mano tras más de tres décadas asesorando empresas del Penedès y comarcas vecinas.

Las manos son la herramienta más versátil e irreemplazable que poseemos. Con ellas manipulamos, construimos, reparamos y creamos. Pero precisamente por su constante exposición a los materiales y procesos de trabajo, son también las más vulnerables. En este artículo le explicamos todo lo que necesita saber sobre los guantes de protección laboral: desde su fascinante historia hasta las normativas actuales que garantizan su eficacia.

De las manos desnudas a la tecnología textil: una historia de protección

La protección de las manos durante el trabajo tiene orígenes muy antiguos. Los primeros registros de guantes de protección se remontan al antiguo Egipto, donde los artesanos que trabajaban el vidrio y los metales calientes envolvían sus manos con trapos de lino húmedos para evitar quemaduras. Los herreros medievales perfeccionaron esta técnica utilizando cuero grueso, creando los antepasados de los guantes de soldador actuales.

Curiosamente, el primer guante de caucho vulcanizado nació por accidente. Charles Goodyear, mientras experimentaba con el caucho en 1839, descubrió que al añadirle azufre y calentarlo, el material se volvía resistente y elástico. Este descubrimiento revolucionó no solo la industria del neumático, sino también la protección laboral. Los primeros guantes de goma industrial aparecieron a finales del siglo XIX para proteger a los trabajadores de las plantas químicas.

Otro momento clave fue la invención del Kevlar por Stephanie Kwolek en 1965. Esta fibra, cinco veces más resistente que el acero por su peso, transformó completamente el mercado de los guantes anticorte. Lo que antes requería gruesas capas de cuero ahora se podía conseguir con un tejido ligero y flexible que permitía una destreza sin precedentes.

Por qué las manos son tan vulnerables en el entorno laboral

Las manos representan solo el 2% de la superficie corporal, pero concentran una densidad de terminaciones nerviosas y estructuras delicadas extraordinaria. En cada mano hay 27 huesos, 29 articulaciones, 123 ligamentos y más de 30 músculos trabajando de forma coordinada. Una lesión en cualquiera de estas estructuras puede comprometer significativamente la capacidad de trabajo y la calidad de vida.

Además, las manos son el punto de contacto principal con el entorno de trabajo. Son las primeras en tocar superficies calientes, en manipular objetos cortantes, en entrar en contacto con productos químicos o en recibir el impacto de herramientas y materiales. Esta exposición constante las convierte en la parte del cuerpo con más riesgo de accidentes laborales, por delante incluso de los pies.

Las consecuencias de una lesión en las manos van mucho más allá del dolor inmediato. La pérdida de movilidad, sensibilidad o fuerza en las manos afecta a tareas cotidianas que damos por sentadas: conducir, escribir, vestirse o simplemente coger una taza de café. Por eso, la inversión en guantes de protección adecuados no es un coste, sino un seguro para el bienestar de los trabajadores.

Tipos de riesgos y la protección adecuada

No todos los peligros que amenazan las manos son iguales, y por tanto no todos los guantes sirven para todo. Entender los diferentes tipos de riesgos es el primer paso para seleccionar la protección adecuada.

Los riesgos mecánicos incluyen la abrasión por fricción continuada, los cortes con herramientas o materiales afilados, los desgarros por fuerzas de tracción y las perforaciones con objetos punzantes. Son los más frecuentes en la construcción, la industria metalúrgica, la manipulación de vidrio y el sector logístico.

Los riesgos térmicos abarcan desde el contacto con superficies o líquidos calientes hasta la exposición al frío extremo en cámaras frigoríficas. Los forjadores, soldadores, cocineros industriales y trabajadores de la industria alimentaria congelada necesitan protección térmica especializada.

Los riesgos químicos provienen del contacto con ácidos, bases, disolventes, aceites, grasas y otras sustancias que pueden causar desde irritaciones leves hasta quemaduras graves o absorción de tóxicos a través de la piel. Los laboratorios, las plantas químicas, los talleres mecánicos e incluso las tareas de limpieza industrial requieren guantes químicamente resistentes.

Los riesgos eléctricos afectan a los electricistas y técnicos que trabajan con instalaciones eléctricas. Los guantes dieléctricos deben proporcionar aislamiento completo hasta tensiones específicas según la clase del guante.

Finalmente, los riesgos biológicos se presentan en el ámbito sanitario, la gestión de residuos y la manipulación de alimentos, donde la protección contra microorganismos es esencial tanto para el trabajador como para evitar contaminaciones.

La realidad del Penedès: manos que hacen vino, manos que construyen

En la comarca del Penedès, la diversidad de actividades económicas hace que las necesidades de protección para las manos sean muy variadas. El sector vitivinícola, con sus tareas de poda, vendimia, manipulación de cepas y limpieza de cubas con productos químicos, requiere guantes que combinen resistencia mecánica con protección química e impermeabilidad.

La industria del automóvil, con presencia significativa en la zona, necesita guantes que protejan contra cortes metálicos, aceites de corte e hidrocarburos, pero que a la vez permitan la destreza necesaria para trabajos de precisión. La logística y la manipulación de palés y cajas demanda protección contra abrasiones y cortes menores con máxima comodidad para jornadas largas.

La construcción y la obra civil, siempre presentes en cualquier comarca en crecimiento, exponen las manos a riesgos mecánicos severos: contacto con hormigón, manipulación de ferralla, uso de herramientas eléctricas y trabajos con materiales abrasivos. Aquí, los guantes deben ser robustos sin comprometer la sensibilidad táctil necesaria para un trabajo seguro.

Entender la normativa: el marco europeo de seguridad

Los guantes de protección laboral son Equipos de Protección Individual (EPI) regulados por el Reglamento Europeo 2016/425. Este reglamento establece los requisitos esenciales de salud y seguridad que deben cumplir todos los EPIs comercializados en la Unión Europea, y clasifica los guantes según el nivel de riesgo que cubren.

La categoría I incluye guantes para riesgos mínimos, como guantes de jardín o para trabajos de limpieza doméstica sin productos agresivos. La categoría II abarca la mayoría de guantes industriales que protegen contra riesgos intermedios, como los mecánicos o los térmicos moderados. La categoría III corresponde a los guantes que protegen contra riesgos graves o mortales, como los químicos de alta peligrosidad, los dieléctricos o los de protección contra agentes biológicos peligrosos.

Cada categoría tiene requisitos de certificación diferentes. Los guantes de categoría III, por ejemplo, deben ser certificados por un organismo notificado independiente y están sujetos a controles de producción anuales.

La norma EN ISO 21420: requisitos generales para todos los guantes

Antes de analizar las normativas específicas, hay que entender que todos los guantes de protección deben cumplir primero la norma EN ISO 21420:2020, que sustituye a la antigua EN 420. Esta norma establece los requisitos generales de diseño, fabricación, seguridad, comodidad e información que deben cumplir todos los guantes protectores, independientemente del riesgo específico contra el que protejan.

La norma define las tallas de los guantes según la longitud y la anchura de la mano, asegurando un ajuste adecuado que no comprometa ni la protección ni la destreza. Establece que los materiales no deben ser nocivos para el usuario, limitando por ejemplo el contenido de determinadas sustancias en los cueros tratados con cromo.

También regula el etiquetado obligatorio, que debe incluir la talla, el marcado CE, los pictogramas de protección con los niveles de rendimiento, las instrucciones de uso y mantenimiento, y la identificación del fabricante. Esta información es fundamental para una selección correcta.

Norma EN 388: protección contra riesgos mecánicos

La norma EN 388:2016+A1:2018 es el estándar de referencia para evaluar la protección de los guantes frente a riesgos mecánicos. Es probablemente la normativa más relevante para la mayoría de entornos industriales, ya que los riesgos mecánicos son los más frecuentes.

Esta norma evalúa cinco propiedades diferentes, cada una identificada con una letra y un nivel de rendimiento numérico o alfabético. Los resultados se muestran bajo el pictograma del martillo, que identifica los guantes de protección mecánica.

La resistencia a la abrasión (A) mide cuántos ciclos de fricción contra un papel de lija normalizado aguanta el material antes de perforarse. Los niveles van del 1 (100 ciclos) al 4 (8.000 ciclos). Un guante de nivel 4 es adecuado para trabajos donde las manos rozan constantemente contra superficies rugosas.

La resistencia al corte por deslizamiento (B) se evalúa con dos métodos. El test Coup tradicional mide cuántas pasadas de una cuchilla circular se necesitan para cortar el material, con niveles del 1 al 5. Pero para guantes de alta resistencia con fibras de vidrio o acero, se utiliza el test ISO 13997, que mide la fuerza necesaria para cortar el material con una cuchilla recta. Este segundo método proporciona una letra de la A a la F, donde F representa la máxima protección (más de 30 newtons de fuerza de corte).

La resistencia al desgarro (C) determina cuánta fuerza se necesita para desgarrar el material una vez iniciado un corte. Los niveles van del 1 (10 newtons) al 4 (75 newtons). Es importante para trabajos donde el guante puede quedar enganchado y sometido a tracción.

La resistencia a la perforación (D) mide la fuerza necesaria para atravesar el material con un punzón normalizado. Los niveles van del 1 (20 newtons) al 4 (150 newtons). Es crítica para trabajos con objetos punzantes como alambres, agujas o virutas metálicas.

Finalmente, la resistencia al impacto (P) es una prueba opcional introducida en 2016 para guantes diseñados para proteger contra golpes. Si el guante supera la prueba, se marca con una P; si no se prueba o no la supera, se marca con una X.

Norma EN 407: protección contra riesgos térmicos

Cuando el trabajo implica exposición al calor o al fuego, la norma EN 407:2020 es la referencia. Esta normativa evalúa seis propiedades diferentes, cada una con niveles de rendimiento del 1 al 4 (siendo 4 el máximo).

La resistencia a la inflamabilidad indica cuánto tiempo tarda el material en dejar de arder una vez retirada la fuente de llama. Un nivel 4 significa que el material se apaga en menos de 2 segundos.

La resistencia al calor por contacto mide durante cuánto tiempo se puede mantener el contacto con una superficie caliente antes de que la temperatura interior del guante suba 10 grados. Los niveles corresponden a temperaturas de contacto de 100°C hasta 500°C.

La resistencia al calor por convección evalúa la protección contra el aire caliente, como el que se genera en hornos o procesos industriales con temperaturas elevadas.

La resistencia al calor radiante mide la capacidad del guante para reflejar o bloquear la radiación infrarroja proveniente de fuentes de calor intensas.

La resistencia a pequeñas salpicaduras de metal fundido indica cuántas gotas de metal fundido puede recibir el guante antes de que el usuario note un incremento de temperatura.

La resistencia a grandes cantidades de metal fundido determina cuántos gramos de metal fundido puede recibir el guante antes de que se produzca un daño simulado a la piel.

Norma EN 511: protección contra el frío

Para los trabajos en ambientes fríos o con materiales a baja temperatura, la norma EN 511:2006 establece tres niveles de protección.

La resistencia al frío de convección mide el aislamiento térmico del guante frente al aire frío. Los niveles van del 0 al 4, indicando la resistencia térmica del material.

La resistencia al frío de contacto evalúa la protección cuando se tocan objetos fríos directamente. Es especialmente importante para trabajos en cámaras frigoríficas o manipulación de productos congelados.

La impermeabilidad al agua se indica con 0 (penetra agua después de 30 minutos) o 1 (no penetra agua). Un guante mojado pierde gran parte de su capacidad aislante, por eso este parámetro es crucial para trabajos en exterior o con humedad.

Norma EN 374: protección contra productos químicos y microorganismos

La protección química es una de las más complejas, ya que cada sustancia química interactúa de manera diferente con los materiales de los guantes. La norma EN 374:2016 establece los criterios para evaluar esta protección.

Primero se evalúa la resistencia a la penetración, es decir, si la sustancia puede pasar a través de poros, costuras o imperfecciones del material. Los niveles van del 1 al 3 según el nivel de calidad aceptable (AQL).

Después se evalúa la resistencia a la permeación, que mide el tiempo que tarda una sustancia en atravesar el material a nivel molecular. Los niveles van del 1 (más de 10 minutos) al 6 (más de 480 minutos). Es fundamental entender que ningún guante es impermeable indefinidamente; todos acaban permitiendo el paso de las sustancias.

La norma define una lista de 18 sustancias químicas de referencia, y los guantes se clasifican según contra cuántas de ellas ofrecen protección de nivel 2 o superior. El tipo A ofrece protección contra 6 o más sustancias, el tipo B contra 3 o más, y el tipo C contra 1 o más.

Para la protección contra microorganismos, los guantes deben superar pruebas de penetración con bacterias y hongos, y opcionalmente con virus.

Norma EN 60903: guantes para trabajos eléctricos

Los guantes dieléctricos para trabajos en instalaciones eléctricas se rigen por la norma EN 60903. Estos guantes se clasifican en seis clases según la tensión máxima de uso.

La clase 00 protege hasta 500 voltios en corriente alterna. La clase 0 llega hasta 1.000 voltios. La clase 1 protege hasta 7.500 voltios. La clase 2 llega a los 17.000 voltios. La clase 3 protege hasta 26.500 voltios. Y la clase 4 ofrece protección hasta 36.000 voltios.

Estos guantes requieren inspecciones visuales antes de cada uso y pruebas dieléctricas periódicas para garantizar que mantienen sus propiedades aislantes. Una pequeña perforación o grieta invisible puede comprometer completamente la protección.

Materiales y tecnologías actuales

La industria de los guantes de protección ha evolucionado enormemente gracias a nuevos materiales y tecnologías de fabricación.

El nitrilo se ha convertido en la alternativa preferida al látex para guantes de un solo uso y protección química ligera. No provoca alergias y ofrece mejor resistencia a aceites y disolventes.

Las fibras de alta tenacidad como el Kevlar, el Dyneema y el Spectra permiten fabricar guantes anticorte extremadamente ligeros y cómodos. Algunos modelos ofrecen nivel F de corte con grosores inferiores a un milímetro.

Los recubrimientos de nitrilo espumado, poliuretano y látex texturizado mejoran la adherencia en condiciones secas o húmedas según la formulación. La elección del recubrimiento adecuado puede marcar la diferencia entre un trabajo seguro y un accidente por deslizamiento.

La tecnología táctil ha permitido desarrollar guantes compatibles con pantallas táctiles, cada vez más necesarios en entornos donde se combina el trabajo manual con el uso de dispositivos digitales.

Cómo seleccionar el guante adecuado

La elección de los guantes de protección debe partir siempre de una evaluación de riesgos del puesto de trabajo. Esta evaluación debe identificar todos los peligros presentes, su frecuencia y severidad, y las partes de la mano expuestas.

Una vez identificados los riesgos, hay que buscar guantes certificados según las normativas correspondientes y con niveles de protección adecuados. Pero la protección no es el único factor: la comodidad y la destreza son igualmente importantes. Un guante demasiado rígido o voluminoso puede provocar que el trabajador se lo quite para hacer tareas de precisión, quedando desprotegido.

La talla correcta es fundamental. Un guante demasiado grande puede quedar atrapado en maquinaria rotatoria; uno demasiado pequeño restringe la circulación y provoca fatiga prematura. Hay que probar diferentes tallas y marcas para encontrar el ajuste óptimo para cada trabajador.

El mantenimiento y la vida útil también deben considerarse. Algunos guantes son reutilizables con un mantenimiento adecuado; otros son de un solo uso. El coste por uso puede ser muy diferente del coste por unidad.

El asesoramiento profesional: la clave para acertar

La complejidad de las normativas y la variedad de riesgos hacen que la selección de guantes de protección requiera conocimientos especializados. Una elección equivocada no solo puede dejar al trabajador desprotegido, sino que puede dar una falsa sensación de seguridad que conduzca a comportamientos de riesgo.

En NAPA Seguretat Laboral, con sede en Vilafranca del Penedès, disponemos de técnicos especializados que analizan cada entorno de trabajo y recomiendan la solución más adecuada. Trabajamos con las principales marcas del mercado, lo que nos permite ofrecer opciones para cualquier presupuesto sin comprometer la seguridad.

Ofrecemos pruebas de producto para que los trabajadores puedan valorar la comodidad y la destreza antes de hacer un pedido grande. Y proporcionamos formación sobre el uso correcto y el mantenimiento de los guantes para maximizar su vida útil y eficacia.

Las manos de sus trabajadores merecen la mejor protección. Contacte con nosotros para una evaluación sin compromiso de su entorno laboral. Porque cuidar las manos es cuidar el futuro de las personas y de la empresa.

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